El herpes genital

El cuadro típico del herpes genital inicia con hormigueo de la zona comprometida que luego se convierte en dolor, picor o escozor en alguna zona de la región genitoanal, donde se observan unas pequeñas lesiones ampollosas que luego se ulceran (llagas) agrupadas en forma de racimo sobre un área enrojecida. Cada una de estas lesiones no suele superar los 3-5 mm de grosor. Generalmente se palpa algún ganglio inguinal inflamatorio (doloroso). Sólo aproximadamente la mitad de los pacientes contagiados tienen un cuadro típico como el descrito. Es por esto que menos de la mitad de las personas contagiadas sabe que lo están. Esta es una de la razones de la elevada prevalencia de esta infección en España que bordea el 20% de la población sexualmente activa.

Actualmente se puede tratar el brote agudo para disminuir el tiempo de enfermedad pero este tratamiento no es curativo.

Más o menos un 10% de los pacientes que adquieren la enfermedad van a padecer brotes repetidos de herpes hasta 4 veces al año. Existen tratamientos supresores para personas con muchas recaídas por año. Este consiste en una toma diaria de tratamiento con un antiviral. Este tratamiento también disminuye la contagiosidad del infectado.

Es importante mencionar que cuando hay lesiones es cuando el contagio es más fácil, pero la ausencia de lesiones no garantiza el no contagio. Entre un 20-40% de infectados tienen secreción asintomática de partículas virales, significando que pueden contagiar.