Pruebas y diagnóstico
El estudio de fertilidad masculino es un conjunto de pruebas médicas que permiten valorar la calidad del semen y la función reproductiva del hombre.
Se recomienda realizarlo cuando, tras un año de relaciones sexuales sin protección (6 meses si la mujer tiene más de 35 años), no se ha logrado embarazo.
El factor masculino está presente en aproximadamente el 40 % de los casos de infertilidad, por lo que su estudio es tan importante como el de la mujer.
Es la prueba básica para valorar la calidad del semen:
• Concentración: número de espermatozoides por mililitro.
• Motilidad: capacidad de movimiento.
• Morfología: forma y estructura.
• Volumen y pH seminal.
Permite evaluar si el material genético de los espermatozoides presenta roturas que puedan afectar a la fecundación, al desarrollo embrionario o aumentar el riesgo de aborto.
Selecciona los espermatozoides con mejor movilidad y capacidad de fecundar, simulando el proceso natural.
Miden hormonas como FSH, LH y testosterona, que regulan la producción espermática.
Detecta varicocele, alteraciones anatómicas o problemas en los conductos deferentes.
En casos de oligozoospermia severa o azoospermia, se pueden realizar cariotipo, microdeleciones del cromosoma Y o test de fibrosis quística.
El diagnóstico permite detectar alteraciones en la producción o calidad de los espermatozoides y elegir el tratamiento más adecuado.
Un estudio precoz evita pérdidas de tiempo y aumenta las probabilidades de éxito de los tratamientos de reproducción asistida.
Según los resultados del seminograma y pruebas complementarias, el especialista recomendará el tratamiento más adecuado: inseminación artificial, fecundación in vitro, ICSI, uso de muestras de banco de semen o técnicas avanzadas de laboratorio.
La mayoría de las pruebas pueden realizarse en uno o dos ciclos menstruales.
La ecografía y los análisis hormonales son indoloros. La histerosalpingografía puede causar molestias leves, similares a un cólico menstrual.
Algunas pruebas, como los análisis hormonales, deben realizarse en días concretos del ciclo menstrual. El especialista indicará el mejor momento.
A partir de los 35 años es aconsejable, aunque puede realizarse antes en mujeres con antecedentes médicos o que quieran preservar óvulos.
Lo ideal es realizar un estudio completo de la pareja. En el caso masculino, se hace un seminograma.
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